Te ahogas en un vaso de agua…

 

Qué buena frase para primera hora de la mañana. Miraba a su marido, con el comentario recién dicho, cómo revoloteaba alrededor de la maleta, mientras la preparaban para un viaje de trabajo.

 

Azucena se estaba ahogando, sin respirar, a punto de dejarse ir, de morirse… ¿Qué más da que él la viera chapoteando en un vaso o en el inmenso mar? ¿Cambia algo para ella? Sí claro, claro que cambia; eres más lila si te ahogas en un vaso porque lo haces en muy poca agua, por muy poca cosa, casi porque te da la gana. Muy bonito.

 

Azucena volvió a su preocupación. Tenía enormes ganas de no ir a trabajar por no enfrentarse al motivo de su angustia. Ahí estaba, apuntado en su agenda, el encuentro con su compañera de proyecto, con tintes de reunión estratégica, y sólo deseaba que le doliera algo para no acudir. Pero Azucena tenía el cuerpo como un reloj y, para su colega, la cabeza llena de reproches con barba y bastón de antiguos que eran.

 

-Dios mío un proyectazo juntas y no se llevaban bien ni cinco minutos seguidos. Su tándem no les llevaría a ninguna parte, y mucho menos lejos- pensaba.

 

Volvió un instante a la realidad y cogió papel y boli para escribir unas letras de amor a su marido: pintar un corazón, un te quiero, y meter el papelito dentro de un calcetín de la maleta, (hacía esto de vez en cuando para que fuera una sorpresa agradable cuando estaba de viaje). Pero en lugar de eso, decidió chinchar al "clarividente" y utilizar el papel mejor para escribir a su compañera de proyecto: lo que admiraba en ella y lo que le hacía daño; lo importante que era el proyecto para Azucena; cómo le gustaría que fuera la relación entre ellas; cómo desearía que estuvieran repartidas las tareas; qué estaba dispuesta a hacer por cuidar la paz y que ambas trabajaran en confianza; lo que le resultaba más difícil; dónde necesitaría ayuda… Y así, alguna cosa más.

 

Estaba en estas cuando su marido le pidió que le ayudara a meter un traje en la maleta, (él no doblaba muy bien y el tamaño de la maleta era de risa, de “cabina”). Azucena le dijo:

 

-          ¿Sabes lo que te digo? Que meter tu traje en esta maleta tan pequeña es como meter el inmenso mar en un vaso de agua – y guiñándole un ojo,  dobló el mar como pudo y la cerró.

 

Pensó que su marido, en este viaje, no iba a encontrar mensajes en el calcetín. Así sabría que los vasos de agua tienen más importancia de lo que parece.

 

Y ella, con su papel lleno de sí misma, saltó desde su vaso al aire y empezó a respirar.

 

Adoración Romero – 14 de Octubre de 2014.

 

 

 

 

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