¿Procrastinas o lo escribes en Octubre?

 

 

 

 

Después de un verano lleno de sueños, de ideas y de soluciones en el aire, llegó Septiembre. Sí, “Septiembre”, la palabra que más se oye en Julio y en Agosto y justo cuando empieza el mes propiamente dicho, se vuelve silenciosa. Parece que si no se la nombra, no ha llegado. Estaba segura que este mes nueve de dos mil catorce iba a ser diferente, y nuestra protagonista, ilusionada como nunca, se sentó en la silla de esperar la llegada del día uno. 

 

Y así comenzó a pensar qué hacer y con quién hablar:
La primera semana, intocable. Los hay que no han llegado todavía y los hay que sí. Es mejor no decir nada. Ponemos en tácito acuerdo que Agosto tiene una semana más y todo el mundo contento.
La segunda semana, toma de contacto y nada que hacer. Inimaginable cómo estarán las mesas de las oficinas y despachos llenas de pollos. Mejor tener paciencia y esperar a que se vayan metiendo ellos mismos en el horno hasta su total resolución.
La tercera semana, todo el mundo en modo "organizando estoy". Estamos a las puertas del cuantísimo lío y no puedo ni rascarme. La lengua fuera ya será una foto fija hasta Navidad.
Cuarta semana, para Octubre. Como quien dice, ya está encima.

La página blanca de Septiembre, a diario le lanzaba un destello luminoso con el fin de recordarle que la historia de cada uno no transcurre sin más, sino que se escribe como nos enseñó Antonio Machado: "golpe a golpe, verso a verso".

Treinta veces como treinta soles le hizo un guiño su inmaculada hoja. Pero no hubo manera.


Nuestra protagonista andaba distraída con todo: colocaba, remataba, se preparaba, programaba, descansaba como si se fuera a cansar horrores… y no se remangaba. Y cada noche su página blanca de Septiembre, sin una mala letra escrita, le daba un tortazo con la mano abierta desde la cara al corazón.


 Fueron necesarios treinta manotazos, todo Septiembre con sus treinta días, para que el último del mes le arrancase una mirada hacia sus sueños de verano. Ahí estaban con la misma luz ilusionada con la que los deseó entonces. Y ella despertó.


Armada de su pluma y su vida en blanco, comenzó a escribir la que sería su verdadera historia. Era uno de Octubre y había empezado a coger al toro por los cuernos.

 

Adoración Romero - 17 de Septiembre de 2014 

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