Manuela de rebajas.

 


Manuela ha llegado a casa dando vueltas a algo que le ha pasado y hoy, ese algo dando vueltas, le ha dejado muchas preguntas.

A mediodía, con un calor espantoso, Manuela entró en una gran tienda, (muy grande y  muy gran al mismo tiempo), con el aire acondicionado en su punto de frio cuasidesagradable. Hago un inciso para decir que a Manuela el aire acondicionado le encanta;  por eso cuando alguien estornuda en el ascensor en Julio, Manu deja de respirar sin más pero sólo para impedir que le entre la filoxera por las ventanas de la nariz. Por supuesto ella no se suma al tedioso comentario de culpar al fresco artificial de todos los males, incluso de la mala educación del que no se tapa la boca para toser o la nariz para estornudar dentro de un ascensor abarrotado. En fin…

Decía que ella estaba en la gran tienda porque, a estas alturas de julio de 2013, todavía le falta un bañador de las rebajas, o una camiseta o un “lo que sea de las rebajas”. Y estando entre lycras de flores, dibujos y lisas, de marcas y no… el rabillo de su ojo se quedó enganchado en algo de cuadros. No se acercó de momento porque su cabeza repetía insistentemente para sí : -“bañador, bañador, bañador y, …bañador para la piscina, para Julio, para el verano, para las vacaciones, para las segundas rebajas, para redondear  lo que tengo y amordazar un rato el maldito ¿qué me pongo? -

Pues en estas andadas, yendo al probador con 5 preciosas cosas de Julio, (ni una más y ni una menos), Manuela se encontró entre las manos algo de cuadros, bonito, apetecible, distinto a todo lo que componía el paisaje veraniego de perchas y montones. El tejido grueso, el color con tintes de otoño y el precio en la etiqueta íntegro y caro para Julio, sin tachones, sin etiquetas rojas ni tentadoras cantidades con un menos tanto por ciento.

–Vaya, -pensó- he cogido justo el que no está bien marcado-.

Y desde una cola enorme de chicas y señoras con 5 prendas cada una, (pasarela Cibeles en la intimidad de un metro por un metro), Manu hace señas a una dependienta agotada de doblar camisetas: - Por favor, -le dijo-, me confirma que esto no tiene rebaja y …¿está bien marcado?… estamos en Julio y…-

La dependienta se acerca con los brazos chorreando ropa, coge la prenda de cuadros con destreza y con la etiqueta entre los dedos, le pregunta a Manuela: - ¿De dónde lo ha cogido? - Cuando ésta dirige su dedo hacia el  rincón donde los cuadros le hicieron el guiño, se encontró ella  misma señalando un cartel elegantísimo que decía “New Colection”.

Miró a la dependienta con una sonrisa de complicidad,  no correspondida ya que sólo pudo ver de ella su espalda, su paso acelerado y el reverso de sus brazos donde seguían ondeando enormes cantidades de ropa.

Y así en la cola, el pensamiento de Manuela se metió en una rueda, y corrió y corrió como si fuera un hámster en la rueda de su jaula. Y le dieron ganas de estirar y dar de sí  sus cuatro cosas de Julio; se planteó pisotear,  como si no se diera cuenta,  su cosa de cuadros “New Colection”. Se reprochó estar dispuesta a pagar todo el precio por una camisa como una manta zamorana que no iba a poder estrenar hasta noviembre. Le dio rabia que la camisa le gustase más que el bañador. Le fastidió llegar a comprarse éste y para acordarse después, obsesivamente, de la maldita camisa. Se puso en modo anticonsumo-anticonsumismo despotricando porque, sin  terminar una temporada, ya te están encelando en la siguiente, (recordó cómo, en el mes de Febrero,  ¡se compró un abrigo verde oscuro rodeada de colores fluor!…). La sola impresión de saltarse el verano de una zancada puso a Manuela contra todo y contra todos.

Y en ésta conversación tan tensa, con todas las culpas fuera de su capricho, escuchó a una compañera de cola:

-Mañana empiezan mis vacaciones. Cómo las deseo. Pienso en el mar, las tardes, los paseos, un mojito a la puesta de sol, el olor a galán de noche desde el atardecer…  Adoro mis cinco cosas de Julio: un libro, unas palas, una crema de protección, un gorro de paja y un bañador precioso que me voy a probar ahora… Grabaré en mi mente cada momento de este verano para que me dé energía después. Sólo ocuparán mi  pensamiento los minutos uno a uno.

En Manuela algo sucedió. Dejó sus cinco cosas de Julio a la señorita de los probadores y se fue corriendo a preparar su maleta con las cosas de su  armario, (alguna aún tenía la etiqueta de las rebajas de Julio 2012); y dobló con mimo cada una, y las colocó con esmero. Y pensó que disfrutaría cada momento de su verano, instante por instante.

Liberó su pensamiento y se dió permiso a sí misma para vivir despacio, muy despacio.

 

(Adoración Romero Nadal - 27 de Julio de 2013)