Historia de una entrevista de trabajo

 

 

 

Es por la mañana muy temprano. Se levantó a la primera voz de alarma de su móvil  y anuló la opción de repetir. Ya estaba despejada.

 

En la cocina se sentó delante de su café y tres galletas tipo o% en todo, (como mojar cartón); le rodeaban cuatro tazas que serían usadas más tarde por el resto de la familia.

Bebió a sorbos, con el pensamiento en la entrevista de trabajo y los ojos entornados como si mirase montañas. 

Se arregló con rapidez pues la noche anterior  dejó preparado todo y  con todos los detalles. Se echó colonia como para las ocasiones, (enchufando al aire dos toques y poniéndose debajo inmediatamente para que le cayera el aroma difuminado),  y  ya en la puerta,  besó a su familia con el pensamiento y salió. 

 

Llegó a la cita cinco minutos antes en punto para dar tiempo a la recepcionista a buscar a su entrevistador. Le condujeron entre tanto a una salita con una mesa ovalada de reuniones en el centro y ocho sillas alrededor. Se sentó junto a la cabecera para dejar a su interlocutor la elección de situarse a su lado, (en sitio principal-honorífico marcando distancia o en sitio igualitario de colega-compañero), o enfrente para poder hacer el baile adelante-detrás…

Repasó su currículum dando respuesta mental a todos sus cambios. Espoleó su ánimo para cambiar la actitud mental de pedir trabajo por la seguridad de ofrecer servicios profesionales. Repasó mentalmente  la información pública de la compañía para estar en situación desde el minuto uno de la conversación. Todo esto se lo repasó en castellano, en inglés y en francés. Recordó que estaba dispuesta a viajar, (tenía que pensar cómo iba a arreglar la logística familiar, pero esto lo haría después, que ahora tenía mucho tomate).

Miró su reflejo en la ventana al tiempo que vio el de su entrevistador aproximarse a su espalda.

 

En décimas de segundo su corazón se desplomó a la altura de sus pies encontrando entre ellos su confianza agazapada. Y agarrándola  por los pelos se dijo con energía:

 

 -Arriba, arriba, arriba… vamos!!...-

 

Extendió la mano y saludó envuelta en ese halo magnifico de haber salido victoriosa de una pelea interior  contra pensamientos derrotistas.

Después de una conversación de bastante menos enjundia que la que cabía esperar, su entrevistador le adelantó el fallo judicial de su proceso de selección con un gesto que quería ser de impotencia:

-          -Todo es perfecto…si bien… buscamos a alguien más joven -

 

Ella respondió:

 

-           - No puedo hacer nada por vosotros entonces – y añadió - Mi responsabilidad es tener la edad que tengo en las mejores condiciones personales y profesionales. La vuestra es saber apreciarlo.


Le estrechó la mano y sonrió con la mente puesta en la próxima entrevista. 

 

         Adoración Romero - 12 de Junio de 2014 

 

 

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