¡¡El genial Jack!! 

para un test no convencional.

 

 

La descripción de la prueba

Baja al súper, (da lo mismo cual), y descarga la compra de la semana en la cinta de la caja. Pide las bolsas que crees que necesitas. Sólo pide un número de bolsas, sin quedarte corto; y no pidas consejo al empleado porque éste mirará con indiferencia la montaña de tus cosas en la cinta, y te dirá que no sabe, que pidas las que quieras. Todavía no hay apremio. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Trasládate al otro lado de la caja, con las bolsas semi abiertas, ¡las ha semi abierto el empleado! No es para atenderte mejor sino, creo yo,  para cumplir una norma empresarial de obligado cumplimiento cuyo objetivo es evitar las colas por el tiempo que cada cliente consumía, (no hace mucho tiempo de esto),  en restregar sus dedos secos o mojados en saliva, (índice y pulgar insistentemente); y a veces las palmas de las manos friccionando hasta la quemazón las paredes de la bolsa de plástico, francamente fundidas. Dale que te pego y la bolsa cerrada. Ahora el departamento de servicio al cliente, obliga a darlas semi abiertas como te digo. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).


Se avecina el momento importante. Destensa la zona de cuello y hombros, descuelga la mandíbula inferior, mueve los dedos de las manos repetidamente y mantente en estado de máxima alerta porque te van a empezar a venir todas tus cosas por la rampa de caja; te las van a lanzar  a una velocidad de vértigo para que tú mismo las vayas  metiendo en las bolsas.

Vas a empezar muy seguro, incluso eligiendo qué va en una bolsa u otra, qué pones abajo o arriba para preservar el espachurramiento masivo de tus cosas, así como evitar que todo quede pingando de los líquidos y purés provocados por el aplastamiento.

Miras con estupor cómo lo que tú has ido colocando con un criterio en la cinta que antecede al escáner , (el que te ha parecido bien, no importa cual), es cogido al “tresbolillo” por el empleado, desbaratando ese orden sin ninguna razón aparente. Si crees que puedes restablecer la colocación en el acto de meter en bolsas, te equivocas. No da tiempo.   ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Te diré que en esa rampa en la que te sentirás  acorralado, tienes muy pocas posibilidades. Sólo puedes meter y meter  con mucha dificultad…porque tu bolsa, la que te semi abrieron, se ha cerrado, semi cerrado casi por completo, porque tienes encima toda tu compra empujando, con todo su peso más el golpetazo del empleado, para hacer sitio a lo que sigue echando. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Metes ambas manos entre la bolsa y tu riada de cosas y las empujas firmemente hacia atrás para hacerte un sitio tú tambien. Para nada, porque después del bote de cristal, el empleado hace un barrido con la mano derecha, (¿inconsciente?; me permito  dudarlo), volviendo a empujar  y arrimándote todos los cachivaches con fuerza, haciendo saltar de tu mano el brik que con tanto esfuerzo sostenías con una mano mientras que con la otra, asiendo el tubo de galletas simultáneamente, abrías  una tímida rendija en la maldita bolsa. Sobrevuela entre ambos, el empleado y tú, la disimulada lucha  por ver quién puede más. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Notas el corazón acelerado, palpitante de ira, porque además te das cuenta de que lo que estás apartando con desdeñosa furia es…. ¡Tu compra! La que has ido eligiendo con tanto cuidado. Respiras hondo y decides mimar lo que has comprado te cueste lo que te cueste; y poco a poco reinicias el proceso concentrado en no perder los nervios. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

En este ensimismamiento y con la mitad de tus cosas rodando por la rampa, oyes una voz firme, alta y clara: - Son ciento treinta siete con ochenta y cinco. ¿Pago en efectivo, con tarjeta, tiene tarjeta de puntos…?.

Levantas tu mirada al frente y contemplas la enorme cola que está esperándote con impaciencia para que le suceda lo mismo que a ti. Y ves venir tu oportunidad.

Desaceleras al máximo el ritmo de embolsar y no haces ni ademán de buscar el monedero  para sacar nada. Decidido: ¡hasta que no termines de meter en la entreabierta bolsa la compra, pisando huevos por favor, no pagas! ¡El tiempo por la borda, un placer! El empleado repetirá el precio y las preguntas varias veces como si no se diera cuenta de lo que ocurre, (¡error! Él sabe lo que hay porque ve pasar a miles de compradores haciendo lo mismo que tú). ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Percibes cierto movimiento de impaciencia colectiva en la cola que espera a que termine tu guerra. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Mientras pagas y te dan en un puñado revuelto los billetes, los céntimos, el ticket, los vales descuento y la tarjeta del aparcamiento sellada, miras distraídamente la caja contigua y ves que su empleado ayuda a su cliente y estiba maravillosamente la compra en las bolsas. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Cuando todo termina coges las tuyas pesadas, mal colocadas y llenas de picos que te irán breando las pantorrillas hasta tu casa. ¿Con qué cara mirarías al empleado? (Puedes inspirarte en las caras de Jack).

 

Te vas.

 

Para ver la solución, pincha más abajo en la foto de Jack.

 

(Adoración Romero, 3 de Julio de 2013)

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