Un desconchón transformado en arte (Enfant Terrible)

 

 

 COACHING Y EL JUEGO DE TRANSFORMAR, EN OTRO DIBUJO,

EL QUE NOS VIENE DADO



La Tarea de la transformación: ver lo que antes no veías y, con dos pinceladas, llegar a un resultado espectacularmente distinto.

Cuando vi la imágen de arriba por primera vez, (gracias Enfant), la pasé de largo; pero algún pensamiento  me debió quedar enganchado, pues tres o cuatro fotos más adelante me encontré retrocediendo en su busca. Sé lo que me hizo ir hacia atrás.

De pequeña jugaba con mi padre a que uno hacía un garabato en un papel, y el otro, con el menor número de trazos, (esto era importante para la agilidad del juego y la genialidad del resultado), tenía que llegar a sacar un dibujo de él. Dábamos vueltas al papel en todas direcciones hasta encontrar el hallazgo y al final solían salir caras de persona, o animales  saltando, árboles con algo dentro,  bichejos… Y cuando el garabato era un moño revenío, (me permito la expresión, reconociendo además que siempre lo dibujaba yo con la intención de que, el ovillo revuelto, no pudiese terminar en un dibujo y de ese modo…¡poder ganar al invencible!), casi siempre acababa siendo el  humo de una cachimba que fumaba un hombre de perfil. Mi bufido concentrado en un: -¡¡Eso no vale papá. Ya lo hiciste así ayer!! - se oía cada noche que mi super-garabato quedaba inmortalizado como el vapor de una pipa.

Este era un juego de verano, de después de cenar. En Julio los dibujos finales eran pocos y nos cansábamos pronto; pero ya en Agosto teníamos el ojo como el de un águila culebrera; lo veíamos todo con claridad, nos atropellábamos y tirábamos del papel resolviendo el mismo garabato con más ingenio que el oponente, y más rápido, y mejor, y a veces encontrando la solución poniendo, únicamente, la pupila de los ojos. Fabuloso recuerdo.

Y mira tú por dónde, encuentro  la imagen de un “siete en la pared” convertido en humo, como  mi pintarrajo a mala idea,  con el sobretítulo de “un desconchón transformado en arte”.

Y aquí viene la reflexión que me ha traído todo esto: ¿podríamos entrenarnos en captar aspectos de nuestros pensamientos  y emociones y sacar un buen dibujo de una maraña? Y ¿podríamos aspirar a llegar a una  consciencia que nos permitiera ver los dibujos que mejor nos hicieran sentir y valer? ¿Y esto podría formar parte de un juego?

¿Y llamarlo cómo?:

Coaching  y el juego de transformar,  en otro dibujo, el que nos viene dado.

Adoración Romero - 25 de Junio de 2013 (un recuerdo para mi padre, Felipe).