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Del Derecho al Coaching.

 

“No me tientes que si nos tentamos no nos podremos olvidar”. (Mario Benedetti)

 

Ayer me dijeron que pertenezco a ese grupo de valientes que han cambiado de trayectoria profesional.

Hubo un tiempo en el que me costó infinito colgar en el perchero la profesión de siempre: la de la carrera, la de los masters, la del trabajo profesional y el reconocimiento. Tenía flamante mi etiqueta, esa que me valía a mí para venderme y a los demás para comprarme, (no todas las etiquetas son malas, que conste). 

 

Me preguntaban por mi trabajo y me sorprendía diciendo la palabra coaching  bajito, bajito,  acompañándola de una verborrea que ¡madre mía!… 

“Era coach pero también había sido…, y ya no era”.

“Además de coach sabía…  pero ya tampoco tanto”. 

“Hacía coaching  pero podía otras cosas… lo que pasaba es que ya no quería”.

 

En definitiva recurría a “lo que podemos llamar mi pelo de la dehesa particular” al que me agarraba  fuerte para que mi confianza no saliera por piernas. 

No podía decir que era coach sin arroparme de un montón de pasado. 

 

Recuerdo especialmente que en el acto de la Certificación de Coaching cada uno de nosotros dábamos un paso al frente para decir alto y con claridad :

- …me llamo… (nombre y apellidos), y soy coach - A continuación un paso más adelante traspasando una raya simbólica.

Con el tiempo entendí que nos estaban enseñando a superar la primera dificultad: reconocernos nosotros los primeros.

 

Hoy puedo decir que de mi trayectoria profesional anterior solo me veo medallas brillantes: los amigos que me trajo, las personas que conocí, los buenos recuerdos, el trabajo interesante, el aprendizaje enorme y sin fronteras, la riqueza profesional, la vida llena… 

Y todo, tan bueno, forma parte de mí y no preciso exhibirlo. Simplemente lo tengo.

Así que hace ya tiempo que soy sólo coach  y hablo de mi profesión, de lo que soy y lo que vivo sin más archiperres colgando.

 

Pienso que no he dejado un sendero para tomar otro.  Solo he cambiado lo que miro  de él y lo que me importa mientras lo recorro. Y me entusiasma el nuevo campo, la luz que tiene y cómo me enfrenta a la vida.

 

El Coaching siempre estuvo revoloteando a mi alrededor como una polilla, seguramente esperando el mejor momento de tentarme. Y lo hizo.

Y ocurrió que él y yo nunca nos podremos olvidar.

 

Adoración Romero - 25 de Junio de 2015.