De paseo con el NO de paseo con el SI

Hoy he visto a compañeros de calle con la mirada alta o baja, (no de frente), ensimismados en una conversación que remataban sacudiendo la cabeza con un “no”.

Y  como no he visto  ni uno ni dos sino bastantes, he pensado:

- Cuánta gente en la calle negando con la cabeza. ¿A qué “otro” imaginario le estarán dando un no por respuesta? ¿A un amigo, familiar, compañero, jefe, cliente…? ¿A sí mismos?

- ¿Mantendrán ese “no”,  tan firme en una esquina,  frente a la persona real?

Escojo a un viandante de ellos, al azar,  para observarle mejor. Pienso cómo le va a ir cuando tenga que conversar “en real”.

Mi impresión es que el discurso de mi compañero de calle va a quedar literalmente desmontado sólo con  el saludo de la contraparte.  Así, nada más empezar. Me apostaría algo a que después del encuentro el conversador ambulante quedará con un no en el tintero y un sí en la mochila.

Existen  muchas razones para comerse un no y decir  un “vale, sí”. Desde admirable generosidad hasta dolorosa incapacidad para salvaguardar lo que más importa.  A veces la segunda va disfrazada de la primera para ser más guapa.

¿Cómo se sentirá mi compañero de paseo? ¿Para qué ensayaba consigo mismo una conversación impecable en la que al final se llevaba el gato al agua? ¿Qué se dirá después? Si él piensa que no ha sido el dueño de su conversación ni de su resultado, se encontrará mal.  Sentirá y resentirá de su mala estrella, del “síndrome de la carretilla llena”, de los abusos que sufre, de tener cara de “pringao”.

Cuando calculo que ya ha terminado su entrevista de verdad, le busco entre la gente y ahí está caminando otra vez con su conversación terminada y un humor de perros.  Dueño de un SÍ concedido entre dientes y lleno de obligaciones que le desagradan. A decir verdad, está buscando un semáforo para iniciar la siguiente conversación consigo mismo, y esta vez, a ser posible, agria.

Me acerco a él y le ofrezco un papel doblado. Me mira con recelo y lo coge, (estamos todos tan acostumbrados a aceptar tanto papel compro/vendo oro, que un papel más…).

Me quedo a su lado y con la cabeza le hago un gesto para que lo abra. Lo hace de mala gana. Lo mira y ante sus ojos aparece escrita la palabra SÍ, pintada verde sobre blanco, grande  y única.

Por si echaba a andar y me dejaba colgada, le hablo a bocajarro:

                -Cuando a alguien le dices un NO es porque estás diciendo SÍ a otra opción. Ese SÍ encierra tu libertad de elección, y en él  reside tu derecho y tu obligación de hacerte caso en tus deseos, en tus convicciones, en tus sentimientos- le dije. Y continué,

- Si cambiaras tu conversación callejera hacia el SI, ganarías confianza y fluidez para expresar al “otro” tu mejor opción. Pondrías tu energía en lo que te aporta a ti y a tu entorno y desde ese positivismo puede que veas posibilidades que antes no veías. Hasta puede ocurrir que el NO, coherente con lo que tú piensas y sientes, deje de ser un desencuentro para convertirse en una consecuencia compartida por el “otro”.

Cojo aire.

Me mira. Sin decir ni pío dobla el papel de nuevo y lo mete en el bolsillo de su abrigo. El disco se pone verde y se va.

 

Adoración Romero – 3 de Marzo de 2014