ORGANIZACION

 

 

 

¿Dónde reside la voluntad de hacer eficaces los medios que aseguren la coherencia de las conductas con los valores estratégicos de la organización?


 

 

 

 

 

¿Por qué una organización tendría que preocuparse por tener sus valores institucionales sostenidos por un consistente entramado de honestidad en sus personas, coherente con aquellos?

 

En no pocas ocasiones, a algún colaborador se le escucha decir que hace un esfuerzo superior, por un compromiso personal con su jefe, al que reconoce autoridad y adhesión personal, pero sin percibir el impacto que tiene su esfuerzo en un marco mayor.

Ante un líder al que no se reconoce autoridad, también se escucha el argumento contrario. Un compromiso delgadísimo se pone de manifiesto con la palabra “cumplir”.

En ambos casos, tengo la impresión de que son personas que estando dentro, sin embargo están emocionalmente fuera del equipo, de su unidad organizativa o de su empresa.

 

Cada compañía decide con qué valores trabajar, qué comportamientos quiere y cuáles no quiere tener en el tráfico de su actividad y en el seno de su organización. Y éstos serán el suelo por donde caminar y el marco de referencia en las decisiones.

 

El vehículo, la cara visible de estas convicciones y valores son las personas, los equipos. Me pregunto si una compañía no tendría que tener la voluntad inequívoca de hacer eficaces todos los medios que le asegurasen la coherencia de los comportamientos individuales y de los equipos con las pautas  y valores que se ha marcado como pilares sobre los que construir su progreso y su éxito.

 

Hablo deliberadamente de la voluntad de hacer eficaces los medios, pues no basta con exhibirlos de cara a la galería. ¿Se puede hablar de la importancia de las personas en la organización si se conocen, se permiten y se mantienen conductas de personas con personas en clara discordancia con los valores acordados?

 

No hay que olvidar que todas las actitudes y conductas de los componentes de una organización van acompañadas de infinidad de conversaciones  con el mundo tendentes a buscar la propia justificación, la queja, la crítica, la asignación de la culpa…

¿Con qué personalidad visible se va a identificar a la compañía en su entorno al cabo de unos años, cuando la permisividad y proliferación de estas conductas discordantes le haya forjado con torpeza su identidad, su caracter visible para el mundo? Imaginemos por un momento que la figura de la persona que  sólo “cumple” se extiende como una mancha de aceite; ¿dónde quedará el carácter de una compañía trabajadora, competitiva, innovadora, esforzada, confiable, ágil…? ¿No aparecerá más bien la imagen de una compañía mastodóntica, acomodada y lenta?

 

¿Y dónde reside la voluntad de la organización, dónde podemos buscarla para pedirle la eficacia en la vigilancia que buscamos?

Propongo empezar a buscar la voluntad del ente  practicando una  reflexión individual de cada persona consigo misma, y estoy convencida de que descubriremos que es en cada una de las personas, donde reside el ánimo  y la  determinación de salvaguardar los valores.

 

Desde esa voluntad individual y del compromiso inequívoco de ser coherentes con los valores establecidos se construye la personalidad,  la credibilidad, la confiabilidad y en última instancia el  progreso y el éxito de una compañía.


Adoración Romero (16 de Julio de 2013)